Lo hemos dicho desde hace tiempo. En Puebla ya arrancó el desfile de los “purificados”, sí aquellas y aquellos que, sin decirlo, dejan entrever su interés por ser candidatos en 2027. Morena ha prometido filtros para evitar malos aspirantes ligados al crimen, el PRI presume que ya está “depurado” y el PAN habla de elegir perfiles honestos y ciudadanos, casi casi certificados por el Espíritu Santo de la democracia. Pero lo curioso es que en cada elección tooodos prometen lo mismo y al final nos enteramos de alcaldes prófugos, funcionarios investigados o candidatos que parecen sacados de un casting de alguna narcoserie.
Mientras en el partido guinda plantea reformas para impedir candidaturas vinculadas con el CO y para ello quiere involucrar al INE. El tricolor, pide “candados” más estrictos y no solo actos de buena fe. Los otros partidos dicen apostar por los ciudadanos, pero seguimos escuchando los mismos nombres de siempre.
Tales discursos son una joya porque retratanperfectamente la tragicomedia de la política mexicana.Durante años los partidos han elegido candidatos como si escogieran aguacates, es decir que encojen aquellos que se ven bien por encima, pero por dentro ¿quién sabe?
Según datos del proceso electoral 2024 de la consultora Integralia, México registró más de 550 hechos de violencia política, muchos relacionados con infiltración criminal en gobiernos locales. Puebla no está aislada de esa realidad. Hay municipios donde los partidos se han arrepentido de haber postulado a X o Y personaje y hasta los han desconocido.
Lo preocupante es que mientras las y los dirigentes políticos hablan de filtros y controles más rigurosos para elegir a sus futuros abanderados, al final terminan aceptando a quien gana las encuestas porque les garantiza más votos y justo ahí está el detalle porquela política mexicana lleva años atrapada entre dos discursos: el de la moral pública y el de la rentabilidad electoral.
El PRI a través de la diputada Josefina Pozos afirma que el partido ya está “depurado”. Vaya afirmación porque implícitamente acepta que tenían muchosimpresentables, pero la duda surge: ¿ahora en dónde están? Aunque siendo honestos, el problema no es exclusivo de un partido porque todos han postulado personajes cuestionables porque los aceptan cuando les garantizan estructura, dinero o triunfo. Hoy la ideología política es secundaria; hoy el currículum más atractivo es lo que digan “las encuestas”.
En conclusión, hay que decir que la realidad es que ningún “candado” sirve si los partidos políticos siguen simulando. No basta una carta de antecedentes no penales, un título universitario o una declaración de buena conducta firmada por el sacerdote del pueblo. Rumbo al 2027 lo que se necesitan son investigaciones reales, auditorías patrimoniales, revisión de vínculos financieros y, sobre todo, voluntad política para decirle “no” a personajes que pueden hacer ganar elecciones, pero que ponen en riesgo a las y los ciudadanos.
Los institutos políticos deben estar conscientes y ser congruentes con el bienestar del pueblo bueno porque el CO no llega a la política con violencia o armas, más bien llega con financiamiento, operadores y candidatos sonrientes en campaña.
Así que mientras los partidos prometen filtros “más estrictos”, el ciudadano sigue viendo el espectáculo político con desconfianza. El elector ya aprendió que en política muchos pasan el detector de mentiras o el detector de metales porque el problema no está en la cintura, sino en los compromisos ocultos.
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